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CONTRADICCIONES: PRISMAS DE IDENTIDAD

Por Alfredo Millan

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Es un pandemonium de manifestaciones personales que se cruzan –una necesidad– de sentir al otro, es una pieza que da la sensación de no tener “ni pies, ni cabeza” […], pero es totalmente intencional, porque divaga en el “deber ser” ante su original, su semejante, con esa innata pulsión creativa en relación con su lenguaje, es decir, la comunión entre la “palabra-sentir” y el alma con el aparato motor, luego entonces, es un espectáculo –sí–, “sobre vidas cotidianas simples y no tan simples”. Y, en el “no tan simples” radica la importancia de la pieza escénica porque son los cuerpos amordazados, paralizados en contingencia provocando que el deseo innato se fisure: ¿Qué sucede si cambiamos el orden? No se trata de ese “si”, el cuerpo es cambio constante, es metamorfosis; de ahí la conmoción y del grito necesario para volver estar…, “ser el que se fue”, de esas emociones esenciales como el deseo; la vida del ser humano es constante deseo. El sexo, comer, defecar, muerte, política, locura, moverse; son los sentimientos […]. Así, es una pieza que en su metalenguaje tiene todo un manifiesto filosófico, es la vida misma, sentirla, abrazarla y no importa la forma.                

La pieza juega con narrativas divergentes, también, es sarcástica en la autocrítica como hacedores del arte escénico en sus diferentes manifestaciones semánticas en lo que respecta al arte teatral y dancístico: ¿Qué es “teatro-danza”? Quizá no se entiende “un pepino” lo que un puñado de artistas quieren representar en proscenio, es lo de menos porque es un espacio para el juego, para hablar de esas emociones que están atragantadas por una o mil causas; es un “crucigrama escénico”, de vidas entrelazadas y que necesitan hablar, acompañarse, porque hablar de estar solos es no saber nada y sólo se busca –se muere en el intento– encontrar a los conjurados. Desnudos una vez más, de frente, una vez más… manifestar. Es una pequeña pieza escénica pero con un gran significado y con el deseo siempre de “ser el que se fue, ser el que será». “Ser en cuanto ser, ser o no ser”; en una sociedad (–un mundo–) que ya agoniza mucho antes de una pandemia irruptiva.

Dos grandes bailarinas y un actor calificado, que embala a la perfección dándole a la pieza más fuerza y potencia, la compacta, la redirige. Así, se cumple el fetichismo entre danza y teatro para presentarnos el manifiesto mismo del sentir de la vida ante los embates, ante lo que se siente, ante el deseo mismo: ¡Estar vivos! Xitlali Piña, Claudia Lavista y Harif Ovalle manifiestan su hartazgo ante la contención de los cuerpos, de la palabra y del alma. Ellos son…, la resistencia misma.

Contradicciones: prismas de identidad: Autoría y dirección: Xitlali Piña, Claudia Lavista y Harif Ovalle. Cía: Delfos Danza Contemporánea. Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán.

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